En septiembre comenzamos el curso con el lema “A corazón abierto” uniéndonos a la celebración del Año Jubilar del Sagrado Corazón concedido a nuestra Diócesis con motivo del centenario de la entronización de la imagen del Corazón de Jesús en la torre de la catedral.
Ha sido un año santo en el que hemos intentado vivir con un corazón parecido al de Jesús: servicial, siempre atento a los demás, dócil, generoso, comprometido… y, para eso, hemos compartido experiencias que nos han hecho crecer en Su amor.
En el mes de octubre comenzamos mirando a los misioneros quienes, con su corazón ardiente, nos mostraron el camino hacia los hermanos más pobres y necesitados, y la presencia del Señor vivo en medio de ellos. Recordamos parte del mensaje del papa Francisco para esta jornada: “Salgamos con los corazones ardientes, los ojos abiertos, los pies en camino…, para invitar a todos a caminar juntos por el camino de la paz y de la salvación que Dios, en Cristo, ha dado a la humanidad”.
Y, por fin, el día 18 de marzo recibimos en nuestro colegio el icono peregrino de Bernando de Hoyos. Un icono que ha ido por muchos colegios visitando a los niños de nuestra diócesis y dando a conocer esta preciosa historia tan desconocida en nuestra ciudad. Aquel joven que encontró el tesoro del Evangelio, hoy sigue enseñando quién es Jesús y cómo es su corazón.
Al día siguiente peregrinamos, mayores y pequeñas, desde el colegio hasta la Basílica Nacional de la Gran Promesa. Allí nos acogió fraternalmente Magnolia, la directora de la Oficina del Peregrino. Mediante su explicación, pudimos descubrir la gracia del lugar y profundizar en la belleza del misterio de lo que vivió el ya citado Beato Bernardo F. de Hoyos en su descubrimiento del Tesoro Escondido: “El corazón de Cristo”. Un recuerdo imborrable de este curso.
Y, como no podía ser de otra manera, celebramos este año especial con nuestros amigos del Centro Hospitalario Benito Menni. Nosotras les ayudamos a preparar su jubileo con un mural con los dos corazones de cada institución, pero ellos nos llenaron de sabiduría y religiosidad popular. Fue un regalo de tarde en la que pacientes y alumnas aprendieron y recordaron el sentido de ese corazón que da la vida por todos y en cada circunstancia que vivimos por difícil que esta sea.
A lo largo del curso hemos procurado tener misa los primeros viernes de mes y en el recreo nos hemos escapado algún ratito a hacer una visita a Jesús. Han sido encuentros muy especiales que nos han servido para profundizar más en el Misterio de este gran corazón y para volver a clase con una paz y alegría que brotaban de una fuente infinita de amor.
Y, finalmente, llegó el gran día: el día de clausura de este año lleno de gracias. En el cole lo celebramos compartiendo la última reunión del oratorio. Una vez más, nos sorprendimos de cómo el amor de Dios está inscrito en el corazón de cada una de las niñas. Visitas que continuarán el año que viene para seguir pidiéndole que venga Su Reino, pues sólo un encuentro con Él, de corazón a Corazón, transformará nuestras vidas.
A su Corazón confiamos el final de este curso y el inicio del próximo.