Locas por los números

Cuando las matemáticas se convierten en una ilusión diaria

En nuestra aula de segundo de Educación Primaria está sucediendo algo que merece ser contado: las alumnas están deseando que llegue la clase de matemáticas. Lejos de verlo como una asignatura difícil, la viven con entusiasmo, curiosidad y muchas ganas de aprender. Practicar, resolver actividades y hasta hacer exámenes se ha convertido en un reto motivador que afrontan con ilusión y confianza.

Nunca habíamos percibido tanta ilusión por aprender matemáticas. Este cambio tiene mucho que ver con la manera en la que trabajamos en clase gracias al método Singapur, una forma de enseñar que pone el foco en comprender, razonar y disfrutar del proceso de aprendizaje. Las matemáticas dejan de ser solo números en un papel y pasan a tener sentido.

Uno de los pilares de nuestro trabajo diario es el uso de material manipulativo. Contamos, agrupamos, construimos y representamos los conceptos con nuestras manos antes de pasarlos al cuaderno. De esta forma, las alumnas entienden mejor lo que hacen y por qué lo hacen. Aprender tocando y experimentando hace que los contenidos se fijen de manera natural y significativa.

Además, en nuestra clase, los problemas matemáticos se viven de una forma muy especial. Los problemas no son un problema, sino pequeños juegos o situaciones de la vida real. Colocamos los datos, imaginamos lo que está ocurriendo, hablamos entre todas y buscamos diferentes caminos para llegar a la solución. Pensar, equivocarse y volver a intentarlo forma parte del aprendizaje.

Este ambiente favorece que las alumnas se sientan seguras, participen sin miedo y disfruten aprendiendo. Las matemáticas se convierten así en una herramienta para comprender el mundo que nos rodea y no en un obstáculo.

Seguiremos trabajando con ilusión, material manipulativo y muchas ganas de aprender, porque cuando el aprendizaje se vive con alegría, las matemáticas dejan huella.

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